JAVIER COLINA y BEBO VALDÉS



A DÚO CON BEBO VALDES

Es muy difícil explicar con palabras la pregunta que siempre me hacen en mis conciertos con Bebo Valdés. Primero me dicen qué suerte tienes – y tanto – y luego qué sientes al tocar con este hombre. Siempre suelo contestar lo primero que me viene a la mente, y al cabo de un rato me entran ganas de buscar al preguntón para darle otras mil respuestas que se me han quedado.

En los dúos con piano estoy seguro de ser el privilegiado del concierto, pues mi ubicación en el escenario, pegado prácticamente al arpa del instrumento, me permite escuchar el piano incluso mejor que el propio pianista, directamente sin intermediarios, y cuando se consigue la mezcla justa entre los timbres y volúmenes de los dos instrumentos la satisfacción es acústica, es física, es la prueba de que los oídos no son el único medio para disfrutar la música.

He tenido mucha suerte al poder tocar mano a mano con músicos como Tete Montoliú, George Cables o Jerry González, de quienes aún no sé cuánto he aprendido. Con Bebo la voz es distinta y su repertorio abarca una franja más grande en el tiempo y quizá en el espacio. Muchas veces cuando tocamos me vienen imágenes de cosas que me ha contado, de cómo era la hambruna para los músicos en los años treinta , de la figura de Lecuona, los Casinos , las mafias en Cuba, los viajes de los músicos por la isla , y creo que sin haber compartido tantas horas con Bebo en restaurantes, puertas de embarque, furgonetas, etc, sería prácticamente imposible para mí aproximarme realmente a esa música, y me hubiera quedado en notas y acordes nada más.

Cuando tocamos con Bebo en cuarteto, la percusión de Efraín Porro y Rickard Valdés nos permite estar más relajados porque el bajo y sobretodo el piano juegan más con líneas melódicas y armonías, y además los solos de los percusionistas nos permiten cierto descanso. Pero a dúo es difícil tomarse un respiro: cuando uno está improvisando el otro debe acompañarle él solo, y así por turnos. Es importante que la gente que viene a escucharnos sepa el trabajo y la tensión que supone mantener la atención del público sin bajones, ausencias, o momentos oscuros. Y es el pianista, al estar obligado a exponer las melodías, introducciones, etc. el que lleva la peor parte. Pero al mismo tiempo entre dos no hacen falta tantas reglas y podemos estar siempre al quite el uno del otro, alargar algo, acortarlo, mezclar temas, todo sobre la marcha.

Pero , insisto, en nuestro dúo lo que más puede hacer disfrutar al oyente es el sonido, el sonido desnudo de un contrabajo y un piano, un sonido tan claro que le haga disfrutar por lo menos tanto como a mí.

Gracias, Bebo

Javier Colina


Javier Colina resultó ser el complemento perfecto de Bebo Valdés.

Ben Ratliff - New York Times.


© Javier Colina